ISABEL RUBIO ARROYO | Tungsteno
Leonardo da Vinci es considerado uno de los artistas, inventores, escultores, escritores e incluso anatomistas más prolíficos del Renacimiento italiano. Además de crear obras de un incalculable valor histórico como la Gioconda o el Hombre de Vitruvio, fue un adelantado en la arquitectura y el urbanismo de su época. Hace 500 años ideó una ciudad ideal que, en algunos aspectos, no difiere tanto de las urbes actuales. Así pretendía acabar con los problemas de salubridad, crear espacios urbanos limpios y facilitar el transporte de mercancías.
Una urbe para frenar la propagación de enfermedades
La idea de la ciudad ideal de Da Vinci, esbozada en algunos de sus cuadernos como el manuscrito B de París y el Codex Atlanticus, surgió después de que un brote de peste bubónica azotara Milán y matara a casi un tercio de la población. “Con sus instintos científicos, Leonardo se dio cuenta de que la peste se propagaba por condiciones insalubres y que la salud de los ciudadanos estaba relacionada con la salud de su ciudad”, escribió Walter Isaacson en la biografía de Da Vinci.
Precisamente para evitar la propagación de enfermedades, el artista se propuso crear una urbe con mejores comunicaciones, servicios y saneamiento. “Leonardo quería una ciudad cómoda y espaciosa, con calles y arquitectura bien ordenadas”, explica en The Conversation Alessandro Melis, profesor titular de Ciudades Sostenibles en la Universidad de Portsmouth. Para él, la urbe ideal debía contar con “muros altos y fuertes", además de "torres y almenas de toda belleza necesaria y agradable", un templo sagrado y “una composición conveniente de casas particulares".
Da Vinci diseñó una ciudad ideal para mejorar las comunicaciones y evitar la propagación de enfermedades. Crédito: Ideal Spaces Working Group.
Una ciudad por capas
A diferencia de las ciudades de aquel entonces, Da Vinci soñaba con una urbe construida en varios niveles unidos por escaleras verticales. Melis subraya que este diseño, que en la actualidad es común en los edificios de gran altura, “era absolutamente poco convencional en ese momento”. “De hecho, su idea de aprovechar al máximo los espacios interiores colocando tramos de escaleras en el exterior de los edificios no se implementó hasta la década de 1920, con el nacimiento del movimiento modernista”, señala el profesor.
Da Vinci imaginaba una urbe en la que las capas superiores, reservadas para los nobles, tuvieran palacios y calles bien ventiladas en las que pasear. Las inferiores serían para la gente común y se destinarían al comercio, el transporte de mercancías o la industria. "Los carros u otras cosas semejantes no deben ir por las calles altas, sino que estas deben ser sólo para los señores”, afirmó el propio Da Vinci.
Aunque algunas de estas características existían en las urbes romanas, Melis asegura que nunca antes había habido una ciudad moderna compacta de varios niveles que estuviera concebida técnicamente a fondo. Además, Da Vinci también planteó que el ancho de las calles debería coincidir con la altura promedio de las casas adyacentes, según cuenta Melis: “Una regla que todavía se sigue en muchas ciudades contemporáneas de Italia, para permitir el acceso al sol y reducir el riesgo de daños por terremotos”.
Da Vinci imaginaba una urbe con diferentes niveles en la que las calles estuvieran bien ventiladas. Crédito: Museo Nacional de la Ciencia y la Tecnología Leonardo da Vinci.
Canales para las mercancías y el saneamiento
Tras estudiar los canales de Milán, Da Vinci quería usar el agua para conectar la ciudad como un sistema circulatorio —como el del cuerpo humano—. Para ello, diseñó canales artificiales en toda la ciudad. En principio estos conductos, regulados por esclusas y cuencas, facilitarían la navegación de los barcos hacia el interior y el transporte de mercancías.
Además, serían de vital importancia para mantener la ciudad saneada. “Querrás tomar un río que corra rápido, para que no corrompa el aire de la ciudad, y esto también será conveniente para limpiar la ciudad con frecuencia”, escribió Da Vinci, según recoge la revista científica Engineering & Technology. En teoría, esta red de agua no se quedaría estancada gracias a un sistema de bombas hidráulicas.
Da Vinci esbozó varios bocetos de cómo sería la ciudad ideal, que nunca se llegó a construir. Crédito: Museo Nacional de la Ciencia y la Tecnología Leonardo da Vinci.
La ciudad ideal de Da Vinci engloba parte de todos sus talentos como artista, arquitecto, ingeniero e inventor. Aunque nunca se llegó a construir, algunas de sus ideas aún cobran importancia en la actualidad y resultan fundamentales en proyectos de planificación urbana. “Muchos académicos piensan que la ciudad compacta, construida hacia arriba en lugar de hacia afuera, integrada con la naturaleza (especialmente los sistemas de agua) con una infraestructura de transporte eficiente, podría ayudar a las ciudades modernas a ser más eficientes y sostenibles”, concluye Melis.
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