El auge del subsuelo: cómo las ciudades están ganando espacio bajo tierra

Cuando el espacio disponible en superficie empieza a agotarse, algunas ciudades buscan otras formas de crecer. Bajo calles y edificios se extiende una red cada vez más compleja de infraestructuras que, más allá de los servicios básicos y el transporte, empieza a asumir nuevas funciones dentro del desarrollo urbano.

MARÍA GÓMEZ BRAVO | Tungsteno

En la lucha por ganar espacio, las urbes fueron conquistando las alturas. Rascacielos y torres insignias definieron el horizonte y se convirtieron, muchas veces, en icono de las grandes capitales. Pero bajo tierra también se ha venido gestando una revolución que se inició desde una visión puramente funcional: hacer desaparecer bajo las calles las infraestructuras necesarias para que la ciudad funcionara. Primero fueron las alcantarillas y conducciones de agua. Después llegaron el ferrocarril, el metro, el cableado, los aparcamientos, los refugios y hasta las carreteras.

La falta de suelo en superficie ha vuelto cada vez más atractivo ese espacio que no se ve, donde cada nueva infraestructura debe encontrar su lugar entre las anteriores y evitar ocupar el que necesitarán las siguientes. Pero no es la única razón que explica lo que está ocurriendo bajo las ciudades. Hay que mirar más allá de la escasez de metros: desde la geología hasta el clima.

 

Una ciudad excavada en la roca

 

El suelo de granito sobre el que descansa buena parte de Helsinki es una de las razones que explican su desarrollo bajo tierra. Este lecho rocoso ha servido de molde para túneles, aparcamientos, instalaciones energéticas y espacios deportivos. La ciudad lleva aprovechando sistemáticamente sus condiciones desde los años sesenta. Cuando comenzó a elaborar su primer plan específico para el subsuelo, ya había excavado alrededor de nueve millones de metros cúbicos de roca, repartidos entre unas 400 instalaciones y túneles.

Algunas de esas infraestructuras tienen más de una vida. Las instalaciones subterráneas pueden funcionar como refugios de protección civil y los espacios recreativos incluyen piscinas y equipamientos deportivos excavados en la roca. Por las galerías de uso común discurren además tuberías de calefacción y refrigeración urbana, grandes cables eléctricos y redes de telecomunicaciones. Solo estas conducciones sumaban ya unos 300 kilómetros cuando se redactó el plan.

 

La piscina subterránea de Itäkeskus se encuentra a 50 metros bajo tierra, excavada en la roca, en uno de los refugios de protección civil de Helsinki transformados para uso cotidiano. Crédito: ALESSANDRO RAMPAZZO/AFP via Getty Images.

 

La creciente demanda de espacio llevó a la capital finlandesa a plantearse no sólo dónde construir las siguientes instalaciones, sino qué partes de la roca convenía no ocupar todavía. El resultado fue el Underground Master Plan, que ordenaba las principales cavidades, instalaciones y túneles, tanto existentes como futuros, y reservaba espacio para proyectos a largo plazo. El plan inicial identificó 40 nuevas áreas como reservas de roca y más de 100 emplazamientos para futuras construcciones. El ingeniero Ilkka Vähäaho, que dirigió durante años la división geotécnica de Helsinki, explica que el rápido crecimiento de la construcción subterránea desde comienzos de este siglo hizo cada vez más necesario controlar dónde se excavaba.

El documento con el que Helsinki presentó su primer plan lo resumía de una forma mucho más sencilla: excavar la roca es una acción que solo puede hacerse una vez. Un edificio puede sustituirse y una parcela cambiar de uso, pero las cavidades excavadas en la roca permanecen durante mucho más tiempo y pueden cerrar el paso a otras infraestructuras. Helsinki empezó a planificar también ese vacío.

 

Escudo para el invierno

 

El frío determina la manera de moverse y hasta de vivir en Montreal (Canadá). Bajo sus calles se teje una red de galerías que conecta edificios, oficinas, universidades, hoteles, centros comerciales y otros equipamientos sin necesidad de pisar la calle. Una especie de ciudad subterránea que utilizan cerca de 500.000 personas cada día y que permite atravesar buena parte del centro a cubierto.

Pero los cerca de 32 kilómetros de corredores que componen la red RÉSO no nacieron como respuesta a esas condiciones climáticas. Su desarrollo comenzó entre 1962 y 1967 alrededor de Place Ville Marie y fue creciendo ligado a las grandes operaciones inmobiliarias del centro y a la expansión del metro, especialmente durante los años previos a la Expo 67.

 

El centro comercial Montreal Trust forma parte de RÉSO, la red subterránea que conecta edificios, comercios, hoteles y estaciones de metro en el centro de Montreal a través de cerca de 32 kilómetros de corredores. Crédito: Pascal QUITTEMELLE/Gamma-Rapho via Getty Images.

 

Sin un gran proyecto que dibujara desde el principio, las conexiones fueron sumándose durante décadas a medida que nuevos edificios se incorporaban al sistema. Un crecimiento orgánico que convirtió esta red subterránea en una ventaja extraordinaria tanto para la economía como para la movilidad de sus habitantes durante las temporadas heladas. Décadas después, resulta difícil separar una cosa de la otra.

Porque el frío sí condiciona los desplazamientos de los usuarios en la ciudad. Un estudio de Luis F. Miranda-Moreno y Aleksiina Lahti encontró que los flujos peatonales disminuyen durante el invierno y que la temperatura, la humedad, el viento y las precipitaciones influyen en la actividad a pie. Sin embargo, esta tela de araña que interconecta el centro de la ciudad bajo tierra ha quedado tan ligada a la manera de entender la ciudad que a día de hoy, es difícil encontrar diferencias significativas en los recorridos que hacen sus habitantes en función del clima exterior.

El análisis realizado por el profesor John Zacharias comprobó que no producía diferencias significativas ni en la distancia caminada ni en la proporción del trayecto realizado bajo tierra. Pesaba mucho más la localización del punto de partida. Lo que había empezado como una suma de conexiones se ha incorporado a la forma cotidiana de atravesar el centro.

 

A 150 metros bajo Singapur

 

Frente a la costa de Singapur, cinco enormes cavernas se esconden a unos 150 metros bajo la isla de Jurong. Las Jurong Rock Caverns pueden almacenar hasta 1,47 millones de metros cúbicos de hidrocarburos para la industria energética y química de la isla. Excavarlas permitió liberar unas 60 hectáreas en superficie para otras actividades industriales. En un país de poco más de 730 kilómetros cuadrados, esa superficie adquiere otro valor.

Singapur lleva décadas librando una batalla por la conquista de espacio donde apenas lo hay. Ha ganado terreno al mar, ha construido en altura y también ha empezado a mirar hacia abajo. El ingeniero Yingxin Zhou lo explicaba con una imagen muy gráfica durante el World Urban Forum de 2018: "Singapur no tiene minas de oro, petróleo o diamantes; lo que extrae bajo tierra es espacio”.

 

Singapur acumula ya alrededor de 300 kilómetros de túneles y prevé construir otros 60 durante la próxima década, según el Master Plan 2025. Crédito: John Seaton Callahan.

 

Las Jurong Rock Caverns son quizá la expresión más espectacular de esa búsqueda, pero buena parte de esa transformación permanece oculta bajo el conjunto de Singapur. En los niveles más próximos a la superficie se sitúan los comercios, aparcamientos, servicios y conexiones peatonales, mientras que a mayor profundidad están las líneas ferroviarias, carreteras y redes de agua, saneamiento y electricidad. En total, Singapur acumula ya alrededor de 300 kilómetros de túneles y prevé construir otros 60 durante la próxima década, según el Master Plan 2025.

La creciente ocupación del subsuelo de Singapur ha obligado también a planificarlo a largo plazo. En 2007, el Gobierno creó un grupo de trabajo interinstitucional específico y, tres años después, su desarrollo se incorporó a la estrategia económica del país, como describen Zhou y Jian Zhao en un estudio publicado en Tunnelling and Underground Space Technology. El Master Plan 2025 explora ahora nuevos usos, desde cavernas para almacenamiento hasta galerías de servicios e infraestructuras energéticas, y reserva espacio para las que puedan llegar en el futuro.

Pero ganar superficie tiene también un coste bajo tierra. Los espacios subterráneos requieren iluminación, ventilación y, en muchos casos, deshumidificación. Un estudio publicado en Sustainable Cities and Society identificó también beneficios potenciales asociados al transporte, la ocupación compacta del suelo, las infraestructuras y la energía geotérmica. La profundidad, por sí sola, no determina la sostenibilidad: importa qué se traslada bajo tierra, qué espacio libera en la superficie y durante cuánto tiempo podrá aprovecharse.


Tungsteno es un laboratorio periodístico que explora la esencia de la innovación.

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del usuario y analizar su comportamiento con el fin de mejorar el servicio ofrecido.
Puede consultar información adicional sobre las cookies instaladas en nuestra Política de Cookies.

Configuración de Cookies

Declaración de cookies

TÉCNICAS

Estas cookies se encuentran exceptuadas del cumplimiento del artículo 22.2 de la LSSI de acuerdo con las recomendaciones indicadas por la autoridad europea en materia de privacidad y cookies. De acuerdo con lo anterior y aunque no es posible su configuración, aceptación o denegación, el editor de este sitio web ofrece información sobre las mismas en un ejercicio de transparencia con el usuario.

  • Nombre: LFR_Sesión_STATE_*, Proveedor: Liferay, Propósito: Administra la sesión como usuario registrado, Caducidad: Sesión, Tipo: HTTP

  • Nombre: GUEST_LANGUAGE_ID, Proveedor: Liferay, Propósito: Determina el idioma con el que accede, para mostrar el mismo en la próxima sesión, Caducidad: 1 año, Tipo: HTTP

  • Nombre: ANONYMOUS_USER_ID, Proveedor: Liferay, Propósito: Administra la sesión como usuario no registrado, Caducidad: 1 año, Tipo: HTTP

  • Nombre: COOKIE_SUPPORT, Proveedor: Liferay, Propósito: Identifica que es necesario el uso de cookies para el funcionamiento del portal, Caducidad: 1 año, Tipo: HTTP

  • Nombre: JSesiónID, Proveedor: Liferay, Propósito: Administra el inicio de sesión e indica que está usando el sitio, Caducidad: Sesión, Tipo: HTTP

  • Nombre: SACYRGDPR, Proveedor: Sacyr, Propósito: Utilizada para gestionar la política de cookies, Caducidad: Sesión, Tipo: HTTP