La Barrera del Támesis evita que Londres pueda quedar inundada por mareas excepcionalmente altas o por tormentas procedentes del mar. Crédito: Dafydd Owen/Construction Photography/Avalon/Getty Images.  

Construir para lo impredecible: el rediseño de las defensas urbanas frente al agua

Concebidas para actuar solo durante episodios extremos, muchas de las infraestructuras que protegen las ciudades se proyectaron a partir de los registros hidrológicos del pasado. Hoy, la subida del nivel del mar y la intensificación de las lluvias torrenciales obligan a revisar unos sistemas diseñados para un clima que ha dejado de ser predecible.

MARÍA GÓMEZ BRAVO | Tungsteno

 

El 4 de noviembre de 1966, el acqua alta alcanzó en Venecia 1,94 metros, el nivel más alto registrado en la ciudad desde que existen mediciones sistemáticas. La subida de la marea lo cubrió todo: calles, viviendas, comercios y edificio históricos. Aquella inundación marcó un punto de inflexión en la protección de la laguna y abrió un proceso que, décadas después, desembocaría en el sistema MOSE: 78 compuertas móviles concebidas para aislar temporalmente Venecia del Adriático cuando la marea amenaza con desbordarla.

El de Venecia no es un caso aislado. Cada vez más ciudades recurren a infraestructuras concebidas para actuar solo cuando el riesgo supera determinados umbrales. Muchas de ellas fueron diseñadas a partir de esos registros históricos que permiten estimar con bastante precisión la probabilidad de inundaciones, temporales o crecidas. El aumento del nivel del mar y la intensificación de algunos fenómenos extremos están modificando a día de hoy esas referencias. El último informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático por sus siglas en inglés) advierte de que el riesgo de inundaciones costeras y fluviales aumentará durante este siglo, una tendencia que obliga a revisar tanto las infraestructuras existentes como los criterios con los que se proyectan los nuevos sistemas de defensa urbanos.

 

Barreras que esperan bajo el mar

 

La plaza de San Marcos cubierta de agua seguirá siendo una escena habitual en el paisaje veneciano. De momento, el MOSE permanece inactivo la mayor parte del tiempo. El sistema de contención solo se activa cuando las previsiones anuncian una marea excepcional capaz de inundar Venecia. Ahí es cuando las barreras ascienden desde el fondo de la laguna para contener la entrada del mar y, una vez superado el episodio, vuelven a desaparecer bajo el agua.

 

Las compuertas móviles del sistema MOSE aíslan temporalmente la laguna veneciana del mar Adriático cuando la marea supera aproximadamente un metro. Crédito: VINCENZO PINTO/AFP via Getty Images.

 

Desde su entrada en funcionamiento en 2020, el sistema ha protegido la ciudad de varios episodios de acqua alta que habrían vuelto a inundar buena parte del casco histórico. Pero su puesta en marcha no ha cerrado el debate sobre el futuro de la laguna. De hecho, un estudio liderado por investigadores del Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia (INGV) publicado el pasado año, señala que la subida del nivel del mar, unida al lento hundimiento del terreno sobre el que se asienta la laguna, obligará previsiblemente a activar el MOSE con mayor frecuencia a lo largo de este siglo.

Proteger Venecia ya no consiste solo en contener el agua. El desafío, más allá de activar barreras cuando el agua amenaza con desbordar la ciudad, es cómo hacerlo de una forma compatible con la conservación de la laguna que durante siglos ha definido Venecia.

 

Londres: aprender a adaptar una infraestructura

 

La inundación del mar del Norte de 1953 cambió la forma en la que el Reino Unido entendía el riesgo de inundación. El temporal se llevó por delante la vida de centenares de personas en la costa oriental de Inglaterra y dejó expuesta la vulnerabilidad londinense frente a episodios extremos. Tres décadas más tarde entró en funcionamiento la Thames Barrier.

 

La Barrera del Támesis es una de las piezas clave del Plan Thames Estuary 2100, la estrategia para adaptar el estuario al aumento del nivel del mar y reducir el riesgo de inundaciones. Crédito: Tim Motion/Construction Photography/Avalon/Getty Images.

 

La Barrera del Támesis sigue siendo el eje del sistema de protección de Londres a día de hoy, pero el desafío ya no consiste únicamente en operar la barrera, sino en decidir cuándo dejará de ser suficiente. El plan Thames Estuary 2100, impulsado por la Agencia de Medio Ambiente, revisa cada cinco años la evolución del estuario y de las proyecciones climáticas para decidir cuándo reforzar los diques, elevar muros de protección o adaptar las defensas existentes. Más que una obra terminada, la protección del estuario se ha convertido en un proceso de adaptación continua basado en la evolución del clima y de la propia infraestructura.

 

Róterdam: proteger sin detener la actividad

 

Mientras que el Reino Unido respondió a la catástrofe de la marejada ciclónica de 1953 construyendo la Barrera del Támesis, esa misma tormenta también provocó inundaciones catastróficas en los Países Bajos, lo que impulsó la creación del Programa Nacional del Delta, una de las iniciativas de ingeniería hidráulica más grandes del mundo. La Maeslantkering (Barrera de Maeslant), inaugurada en 1997 a la entrada del puerto de Róterdam, fue el último gran proyecto de ese plan. Nació para resolver un problema que los grandes diques construidos décadas antes no podían abordar: proteger el litoral sin cerrar el acceso al mayor puerto de Europa.

Sus dos brazos de acero, de 237 metros de longitud cada uno, permanecen abiertos para permitir el paso de los buques y solo se cierran cuando los modelos hidrológicos y meteorológicos prevén un nivel del mar capaz de comprometer la seguridad del estuario. La decisión se toma de forma automática, aunque permanece supervisada por Rijkswaterstaat, la agencia neerlandesa responsable de la gestión del agua y de las infraestructuras nacionales. Para ello se apoya en una red de sensores, estaciones de medida y modelos numéricos que integran datos del nivel del mar, el viento, el oleaje y el caudal fluvial para anticipar la evolución de cada temporal.

 

El sistema de cierre de la Barrera de Maeslant está completamente automatizado y controlado por una plataforma centralizada de apoyo a la toma de decisiones llamada Beheerscentrale (BOS). Fuente: Rijkswaterstaat.

La barrera fue concebida para intervenir solo unas pocas veces al año. El resto del tiempo permanece abierta y el puerto funciona con normalidad. Esa mecánica refleja un cambio en la ingeniería hidráulica: las infraestructuras ya no permanecen siempre activas, sino que esperan a que el riesgo lo justifique.

 

Desviar el agua bajo la ciudad

 

Contener el mar es solo una parte del problema. Las lluvias extremas pueden desbordar los ríos y superar en pocas horas la capacidad de los sistemas de drenaje urbano. Tokio decidió responder a ese riesgo bajo tierra. Las inundaciones recurrentes provocadas por tifones y lluvias torrenciales en el área metropolitana llevaron a Japón a proyectar un complejo subterráneo capaz de desviar el exceso de agua: el sistema G-Cans.

A unos 50 metros de profundidad, una red de 6,3 km de túneles conecta varios cauces para desviar el exceso de agua hacia el río Edo. El sistema comenzó a operar en 2002 y desde entonces se ha convertido en una de las principales defensas frente a las inundaciones del norte del área metropolitana, además de un lugar de peregrinaje turístico. Durante el tifón Hagibis, en 2019, reguló más de doce millones de metros cúbicos de agua y redujo alrededor de un 90 % el número de viviendas inundadas en la cuenca de los ríos Nakagawa y Ayase, según el Ministerio de Tierra, Infraestructura, Transporte y Turismo de Japón. A diferencia de las barreras costeras, no impide la entrada del agua, sino que la desvía y la conduce por un recorrido controlado.

 

El G-Cans, el mayor sistema subterráneo de control de inundaciones del mundo, desvía el exceso de agua hacia el río Edo para proteger el área metropolitana de Tokio. Crédito: John S Lander/LightRocket via Getty Images.

 

Kuala Lumpur llevó esa idea un paso más allá. El SMART Tunnel, inaugurado en 2007, combina desde su diseño dos infraestructuras en una: una autopista urbana y un canal de drenaje para episodios de inundación. Cuando las lluvias amenazan con desbordar los ríos de la capital malasia, el tráfico se interrumpe, el túnel se vacía y pasa a formar parte del sistema de drenaje. Una vez finalizado el episodio, se limpia y vuelve a abrir al tráfico. La ingeniería ya no busca detener el agua a cualquier precio, trata de dirigir su curso para minimizar su impacto sobre la ciudad.

 

De contener el río a darle espacio

 

A veces, la respuesta técnica más eficaz no consiste en contener la corriente, sino en devolverle al río parte del espacio que ocupaba. Bajo este principio se articuló el programa neerlandés Room for the River. Las crecidas del Rin y el Mosa de 1993 y 1995, que obligaron a evacuar a unas 250.000 personas, mostraron las limitaciones de seguir elevando las defensas fluviales mientras el espacio disponible para los ríos se reducía.

La iniciativa intervino en más de treinta tramos fluviales mediante el desplazamiento de los diques hacia el interior, la apertura de cauces secundarios y habilitación de áreas capaces de recibir agua temporalmente. Ese enfoque reduce la presión sobre los muros y mitiga las consecuencias de las crecidas, según un estudio publicado en la revista científica Geosciences. Complementa las defensas existentes integrando la geografía en el diseño del sistema.

Ninguna de estas intervenciones elimina el riesgo por completo. Todas parten de la premisa de asumir que las inundaciones seguirán produciéndose, y de que la mejor protección depende de sistemas capaces de adaptarse a escenarios cambiantes. Las antiguas soluciones rígidas de hormigón y el cálculo estático del pasado han dado paso a sistemas diseñados para gestionar la incertidumbre. La paradoja de estas obras de protección es que su éxito se demuestra cuando nada ocurre: lograr que un episodio meteorológico extremo pase a formar parte de las series de datos hidrológicos sin llegar a alterar la vida diaria de la ciudad.


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