La egiptóloga Sarah Parcak señala que las herramientas de teledetección no sustituyen las excavaciones, sino que ayudan a orientar el trabajo arqueológico. Crédito:GLENN CHAPMAN / DigitalGlobe/ScapeWare3d.

La arqueóloga que encuentra ciudades perdidas desde el espacio: así trabaja Sarah Parcak

Durante años, los arqueólogos buscaron ciudades perdidas excavando sobre el terreno. Sarah Parcak decidió hacerlo desde el espacio. A través de imágenes satelitales, esta investigadora estadounidense detecta pequeñas alteraciones en el terreno capaces de revelar restos arqueológicos ocultos bajo el paisaje.

MARÍA GÓMEZ BRAVO | Tungsteno

 

En el delta del Nilo, muchas antiguas ciudades egipcias desaparecieron hace siglos bajo capas de sedimentos, cultivos y construcciones modernas. Desde el suelo resulta casi imposible distinguirlas. Pero vistas desde satélite, algunas dejan rastros apenas perceptibles: líneas geométricas, cambios de tonalidad o variaciones mínimas en la humedad del terreno. Sarah Parcak, egiptóloga y profesora de la Universidad de Alabama en Birmingham (Estados Unidos), ha convertido esas señales en una herramienta para localizar posibles yacimientos arqueológicos sin necesidad de excavar primero.

A comienzos de la década de 2010, participó en distintos proyectos centrados en antiguos asentamientos egipcios. En el delta del Nilo, el contraste entre las zonas agrícolas y las áreas desérticas facilita la identificación de pequeños cambios en el terreno que a simple vista pasan desapercibidos. Las imágenes de satélite del delta del Nilo mostraban líneas geométricas y cambios sutiles en la superficie que coincidían con antiguas estructuras enterradas. No eran ruinas visibles ni ciudades emergiendo bajo la arena, sino huellas físicas que el paisaje todavía conservaba siglos después.

Parcak empezó a trabajar con este tipo de imágenes durante su investigación doctoral en la Universidad de Cambridge. A diferencia de una fotografía convencional, las imágenes multiespectrales registran información que el ojo humano no percibe. Su objetivo era localizar tells —montículos formados por capas sucesivas de ocupación humana— y posibles estructuras enterradas en Oriente Próximo a partir de esas alteraciones mínimas detectadas mediante sensores infrarrojos.

“Para intentar mapear el pasado tengo que mirarlo de una forma diferente”, señala Parcak para resumir esta idea central en sus investigaciones: el territorio conserva evidencias físicas de quienes lo habitaron siglos atrás.

 

Sarah Parcak explica cómo la arqueología espacial utiliza imágenes satelitales para localizar vestigios de antiguas civilizaciones ocultos bajo el terreno. Crédito: TED.

 

Una nueva forma de interpretar el territorio

 

El uso de imágenes aéreas para estudiar el terreno no era completamente nuevo. Tras la Primera Guerra Mundial, las fotografías tomadas desde aviones militares empezaron a revelar formas y construcciones antiguas difíciles de identificar desde tierra. Décadas después, los satélites del programa Landsat de la NASA permitieron ampliar esa observación a grandes extensiones del planeta y analizar cómo cambiaban los paisajes con el paso del tiempo. 

Pero la clave no está solo en la fotografía convencional, sino en analizar cómo reaccionan el suelo, la vegetación o la temperatura ante la presencia de estructuras enterradas. Un muro enterrado puede modificar la humedad del suelo situado encima. Una estructura de adobe altera la compactación de la tierra y afecta al crecimiento de la vegetación. Algunas construcciones también generan diferencias de temperatura detectables en determinados momentos del día. El estudio de estas alteraciones permite señalar zonas con potencial arqueológico que después deben verificarse sobre el terreno. La propia Parcak insiste en que estas herramientas no sustituyen las excavaciones, sino que ayudan a orientar el trabajo arqueológico.

 

Del enclave aislado al análisis del territorio

 

La posibilidad de analizar territorios completos y no solo yacimientos concretos es una de las principales aportaciones de esta metodología. Uno de los ejemplos más conocidos es el trabajo realizado en Tanis, una antigua ciudad egipcia situada en el noreste del delta del Nilo. El yacimiento era conocido desde hacía décadas, pero las imágenes satelitales ayudaron a reconstruir parte de su trazado urbano enterrado: calles, estructuras y áreas de ocupación ocultas bajo sedimentos y cultivos modernos.

El interés de este tipo de investigaciones reside en comprender cómo se organizaban antiguos paisajes urbanos y agrícolas a gran escala. Parcak aplicó este mismo enfoque en el estudio de las áreas funerarias y tumbas de El-Lisht, uno de los principales enclaves del Reino Medio egipcio, y también en Petra (Jordania). Allí identificó una estructura monumental que había pasado desapercibida pese a tratarse de uno de los yacimientos más estudiados del mundo.

Ese cambio de perspectiva también se ha extendido a otros proyectos internacionales. En Guatemala, la iniciativa Pacunam LiDAR, con participación de la Universitat Politècnica de València (UPV) y la Universidad de Tulane (Estados Unidos), permitió localizar miles de estructuras mayas ocultas bajo la selva, incluidas carreteras elevadas y terrazas agrícolas.

En Camboya, la combinación de imágenes satelitales, radares y campañas masivas de LiDAR confirmó la existencia de una extensa red urbana bajo la selva que rodea Angkor Wat. En Reino Unido, el proyecto Stonehenge Hidden Landscapes utilizó georradares y sensores remotos para detectar monumentos prehistóricos enterrados alrededor del conjunto megalítico.

En todos estos casos, la arqueología dejó de centrarse únicamente en monumentos aislados para estudiar territorios completos y las relaciones entre asentamientos, infraestructuras y paisaje.

 

 
 

Las imágenes satelitales del yacimiento de la ciudad egipcia de Tanis permitieron identificar y reconstruir parte de su trazado urbano enterrado. Crédito: Maxar.

 

Monitorización y gestión del entorno

 

La observación satelital también ha encontrado aplicaciones para la conservación del patrimonio. Tras la Primavera Árabe de 2011, Parcak coordinó varios estudios destinados a analizar el aumento del saqueo de yacimientos egipcios mediante imágenes tomadas a lo largo del tiempo. La comparación de series satelitales permitía detectar excavaciones ilegales recientes, movimientos de tierra y daños sobre enclaves protegidos. El trabajo, publicado en la revista Antiquity, ofreció una metodología para medir el impacto del expolio arqueológico casi en tiempo real.

Las técnicas de observación remota aplicadas a la conservación del patrimonio histórico comparten hoy día principios fundamentales con la gestión de infraestructuras modernas. Estos sensores satelitales y sistemas LiDAR se emplean en ingeniería civil para generar modelos digitales del terreno, analizar la estabilidad de laderas antes de construir carreteras o monitorizar deformaciones milimétricas en estructuras como puentes y presas.

Los mismos sistemas utilizados para rastrear la huella de una civilización olvidada en el delta del Nilo se utilizan hoy para analizar deformaciones en infraestructuras, estudiar la estabilidad del terreno o monitorizar cambios en entornos urbanos.

 

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Seis voluntarios llevan el talento y la ingeniería de Sacyr a Mauritania

Un grupo de seis profesionales de Sacyr se desplazó a Bir Moghrein (Mauritania) en el segundo viaje que organiza la Fundación Sacyr a este lugar para colaborar en el desarrollo de infraestructuras.

Un grupo de seis profesionales de Sacyr ha participado en un voluntariado internacional organizado por la Fundación Sacyr en colaboración con la ONG UPlanet. 

 

 
 

Paco Molina, Iván Roselló, Camila Quintín, Eva Abad, Lucía Cecilia y Ana Grande estuvieron durante una semana en Bir Moghrein, un pueblo aislado del norte de Mauritania. La expedición también contó con Rubén Fernández, hijo de Ana Grande, y con un grupo de 30 sanitarios de HumanCoop, cuatro miembros de UPlanet y un profesional de Viamed, Rodrigo Morilla, antiguo compañero de Sacyr.

Esta es la segunda edición del voluntariado en Mauritania, que tiene como objetivo que profesionales de Sacyr ayuden a reparar y desarrollar infraestructuras que impactan en la vida de la población local.

Entre los proyectos en los que han colaborado, destaca la reparación de deficiencias en la desaladora del pueblo para mejorar la producción y la calidad del agua. Además, se ha creado la documentación técnica necesaria para instalar la nueva desaladora contenerizada que llegará en verano.

 

 
 

También se ha renovado la instalación eléctrica del centro de salud, se ha desarrollado un proyecto para instalar nuevas letrinas en la escuela de primaria y se ha avanzado en un proyecto de huerto de una hectárea para proveer de alimento a la población y dar trabajo a mujeres.

 

 
 

Por último, se ha organizado un taller de emprendimiento para dinamizar la economía local entre las mujeres. 

 

 
 

Experiencia difícil pero reconfortante


“A nivel personal ha sido increíble poder vivir esta experiencia, te pone los pies en la tierra y te hace coger mucha perspectiva de la vida. A nivel profesional ha sido reconfortante poder aportar mi granito de arena a través de esta bonita profesión”, explica Camila Quintín (Sacyr Ingeniería e Infraestructuras). 

 

 
 

Paco Molina e Iván Roselló, ambos de Sacyr Agua, han colaborado en la mejora de las instalaciones de la desaladora. Han ajustado la calidad del agua haciendo un sistema de mezcla con agua filtrada para aumentar la vida de las membranas. También han hecho una derivación del agua de lavado de filtros. 

 

 
 

Paco Molina señala que es un viaje “para repetir”. “Ha sido una experiencia dura y amable, descorazonadora y enriquecedora, egoísta y solidaria, un cúmulo de sensaciones contrapuestas, pero siempre con un balance positivo”, añade.

 

 
 

“Hemos acortado diferencias con esfuerzo y colaboración”, afirma Iván Roselló.

“Nuestro grupo ha creado un ecosistema equilibrado en un lugar recóndito e inhóspito. Un baño de realidad que pone en su sitio mi concepto de ‘vida’”, afirma Eva Abad (Sacyr Proyecta).

Ana Grande (Sacyr Holding) destaca que este voluntariado es un “reto superado”. “He desarrollado ingeniería fuera de mi zona de confort, trabajo en equipo y aprendizaje real. Ha sido una experiencia que suma en lo profesional y en lo personal, gracias a las personas con las que he compartido esta aventura”, remarca Ana.

 

 
 

“Ha sido una experiencia dura pero muy reconfortante a la vez. Ayudar a estas personas que apenas tienen de nada te da otra perspectiva de la vida y lo realmente importante, que es ayudarnos los unos a los otros. Valoro la calidad humana de mis compañeros”, explica Lucía Cecilia (Sacyr Holding).

Rubén Fernández, encargado del área eléctrica, afirma que “la falta de material técnico dificultó el trabajo en la clínica, pero con esfuerzo e improvisación logramos hace nuestro trabajo”. “Ha sido una experiencia diferente y dura, pero he aprendido muchísimo de la suerte que tenemos de vivir en un país como en el que estamos y la facilidad que tenemos en Europa de beber agua del grifo y encontrar lo que necesitas en cualquier tienda”.

 

 

Colaboración con UPlanet


La colaboración de la Fundación Sacyr con UPlanet es fundamental para integrar infraestructuras en esta región poco desarrollada y aislada por una vasta extensión de desierto. UPlanet colabora a su vez con HumanCoop que organiza misiones médicas-quirúrgicas al país, por lo que se crean sinergias a la hora de organizar toda la logística.

La próxima actuación en la que vamos a colaborar será en la instalación de una nueva desaladora contenerizada portátil que llegará en verano a Bir Moghrein.

 

 

“Nuestra colaboración con UPlanet nos ayuda a llegar a estas zonas remotas, donde gracias a nuestra ayuda, pueden contar con expertos del ámbito de las infraestructuras y agua que colaboren para mejorar las instalaciones de estas poblaciones”, explica Pedro Alonso, director de la Fundación Sacyr. 

“Los voluntariados internacionales ayudan a nuestros profesionales a salir de su ámbito de actuación y a crecer como personas”, explica. 

“En UPlanet creemos que el desarrollo de una comunidad pasa por mejorar las infraestructuras básicas, que permitan sembrar las bases de un desarrollo sostenible. Gracias a la colaboración y aportación de la Fundación Sacyr las acciones llevadas a cabo en agricultura, agua y sanidad han sido un éxito. Tienen un valor incalculable”, explica Matías Fernández, presidente de UPlanet, antiguo compañero de Sacyr Agua, y coordinador de la misión de terreno realizada en Bir Moghrein.

 

 
 

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Capturamos CO₂ industrial para hacer más sostenible nuestra agua desalada

En la desaladora de Sohar (Omán) hemos conectado industria y gestión del agua, ya que utilizamos las emisiones de chimeneas industriales para remineralizar agua desalada. 

Hemos puesto en marcha una iniciativa pionera en la desaladora de Sohar (Omán) para conectar industria y gestión del agua: capturamos CO₂ procedente de chimeneas industriales para utilizarlo en la remineralización del agua desalada. 

El proyecto demuestra cómo la innovación y la colaboración entre sectores pueden reducir emisiones, optimizar costes y acelerar la sostenibilidad.

Aunque la producción de acero y la desalación de agua parecen actividades ajenas, el hub industrial de Sohar ha demostrado que pueden ser complementarias. 
 
La planta Sohar 4 IWP, gestionada por Sacyr Agua, necesita CO₂ para estabilizar el pH del agua producida, evitar incrustaciones en las redes de distribución y garantizar un agua segura y apta para usos humanos, agrícolas e industriales.

 

 
 

Tradicionalmente, este CO₂ se adquiría a proveedores externos, con un elevado coste económico y energético. La proximidad de grandes emisores industriales dentro del propio hub abrió la puerta a una solución más eficiente: capturar el CO₂ en origen y reutilizarlo localmente.
 
Simbiosis industrial con impacto ambiental y económico
 
La iniciativa, impulsada por Abdullah Al Sadi, director del servicio de operaciones de la planta de Sohar, permite transformar una emisión industrial en un recurso clave para el tratamiento del agua. Este modelo de simbiosis industrial reduce emisiones en origen, mejora la calidad del agua producida y optimiza los costes operativos.
 
“El uso de CO₂ capturado nos permite mejorar la calidad del agua mientras reducimos emisiones directamente en su origen”, explica Al Sadi.
 
El proyecto fue reconocido con el Premio Innovadores Naturales 2025 de Sacyr, en la categoría Somos Excelencia.

Eficiencia operativa 
 
La planta Sohar 4 IWP produce cerca de 250.000 m³ de agua al día. Actualmente utiliza unas siete toneladas diarias de CO₂, aunque se espera que alcance las 12 toneladas en los próximos años.

La captura local del CO₂ elimina prácticamente los costes logísticos y permite reducir el coste del gas en torno al 40 %.

 

 

 
Menos huella de carbono y menos productos químicos
 
Aunque el proceso no reduce la energía necesaria para desalar, sí disminuye la huella de carbono del agua producida, al sustituir CO₂ de origen fósil comprado externamente por CO₂ capturado de la industria local.

Además, el uso de CO₂ capturado reduce la necesidad de otros productos químicos como la cal hidratada, el carbonato o el bicarbonato sódico, y permite optimizar el uso de cloro. Todo ello se traduce en menor impacto ambiental, menores costes operativos y una química del agua más eficiente.

Este enfoque también favorece el acceso a ventajas regulatorias, una mayor aceptación social y una mejor posición competitiva en mercados cada vez más exigentes en sostenibilidad.
 
Mirando al futuro
 
Tras dos años de desarrollo, el proyecto entra ahora en una nueva etapa centrada en consolidar pilotos, obtener permisos y escalar hacia soluciones comerciales replicables en otros entornos industriales.

Un nuevo ejemplo de cómo la innovación y la colaboración intersectorial pueden convertir los grandes retos ambientales en oportunidades compartidas.

Los drones con los que tomamos el pulso de la lava

En las obras de reconstrucción de la carretera LP-2 en La Palma (Islas Canarias), empleamos drones con termografía infrarroja para controlar la evolución térmica de la lava y garantizar la seguridad y viabilidad de los trabajos.

La erupción del volcán Tajogaite en La Palma (Islas Canarias) en 2021 sepultó la carretera LP-2 cuando se encontraba en plena construcción. Actualmente estamos trabajando en su reconstrucción entre los kilómetros 40 y 43, enfrentándonos a las elevadas temperaturas que aún persisten en el campo de lava.

“La ejecución de esta nueva carretera sobre el campo de lava requiere una evaluación exhaustiva de las condiciones térmicas del terreno, ya que las coladas volcánicas pueden conservar temperaturas elevadas durante años”, explica Juan Antonio Romero, jefe de Topografía de Sacyr Ingeniería en La Palma.

Hemos resuelto este desafío con el uso de drones equipados con cámaras termográficas infrarrojas para la captura, análisis y modelado térmico del terreno afectado.

 

 
 

Esta tecnología permite identificar zonas con actividad térmica significativa, evaluar la viabilidad técnica del trazado propuesto y emitir recomendaciones orientadas a una ejecución segura para nuestros profesionales y colaboradores.

Asimismo, el análisis detallado facilita anticipar posibles afecciones al paquete de firme y a las mezclas bituminosas, ya que las variaciones térmicas pueden alterar su cohesión, rigidez y durabilidad, lo que condiciona las decisiones de diseño y ejecución del futuro pavimento.

Este proyecto está impulsado por Consejería de Obras Públicas del Gobierno de Canarias, que lo adjudicó a la UTE TAJUYA (Sacyr Ingeniería e Infraestructuras, Traysesa, Herquipalma y Los Volcanes) y que terminará en 2028.

 

 
 

Medición de la radiación térmica

 

La termografía infrarroja es una técnica de medición remota que permite detectar la radiación térmica emitida por los cuerpos en función de su temperatura superficial. En el ámbito geotécnico, esta herramienta se ha consolidado como un método eficaz para:


- Identificar zonas de actividad volcánica residual.
- Detectar fracturas activas y emisiones de gases.
- Analizar procesos de enfriamiento en coladas de lava.
- Evaluar la estabilidad térmica de terrenos para obras civiles.


“Mediante la adquisición y el procesamiento de imágenes infrarrojas, hemos generado mapas de calor georreferenciados y gráficos que reflejan la evolución térmica. El dron DJI MATRICE 350 RTK equipado con cámara puede detectar temperaturas entre un rango de 0 a 550 grados”, explica Juan Antonio Romero.

“Este trabajo combina tecnologías avanzadas en teledetección, fotogrametría térmica y análisis geoespacial. Gracias a ello, aumentamos la calidad de la carretera, y sobre todo, incrementamos la seguridad y salud en obra”, concluye.

El consorcio OSP, participado por Sacyr, inicia las obras de la concesión del nuevo Museo de Ciencias de Ontario

  • La cartera del proyecto, que incluye diseño, construcción, financiación y mantenimiento, asciende a 1.040 millones de dólares canadienses (645 millones de euros).

El consorcio Ontario Science Partners (OSP), participado por Sacyr, ha dado inicio de las obras del nuevo Museo de Ciencias de Ontario en Canadá. El premier de Ontario, Doug Ford, ha presidido la ceremonia de “groundbreaking”, que se ha celebrado en Toronto.

El contrato del nuevo Museo de Ciencias de Ontario abarca el diseño, construcción, financiación y mantenimiento (DBFM) durante 30 años, así como la rehabilitación de la icónica Cinesfera y de los Pods en Ontario Place. El contrato tiene un valor de 1.040 millones de dólares canadienses (645 millones de euros). 

El consorcio OSP está integrado por John Laing Limited, Sacyr Infrastructure Canada Inc y Amico Major Projects Inc. 

Una joint venture de Sacyr y Amico es la encargada de ejecutar el diseño y construcción del proyecto, que generará una importante actividad en la zona y empleo a largo plazo.

El nuevo museo es un proyecto clave del Gobierno de Ontario para revitalizar Ontario Place, una zona de ocio a orillas del lago que se convertirá en un moderno centro cultural y una de las principales atracciones turísticas de Canadá.

El proyecto abarca una superficie total de aproximadamente 34.900 m2, de los que 28.300 m2 corresponden a la construcción del nuevo museo y alrededor de 6.600 m2, a la renovación de los Pods y la Cinesfera. 

El Museo incorporará objetivos de sostenibilidad, como la certificación LEED Plata, rendimiento energético optimizado y reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. 

El diseño estará a cargo de la reconocida firma canadiense Arquitectos Hariri Pontarini, en asociación con el prestigioso estudio internacional Snøhetta.

Primera concesión de Sacyr en Canadá

Este proyecto cumple uno de los objetivos del Plan Estratégico 2024-2027: aumentar la cartera concesional en países de habla inglesa.

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