La finalización de la Torre de Jesucristo ha convertido a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo. Crédito: Fundació Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família / Pep Daudé.

La torre que cambia la Sagrada Familia

La culminación de la Torre de Jesucristo acerca la Sagrada Familia a la visión que Antoni Gaudí imaginó hace más de un siglo. Su construcción ha obligado a combinar el legado del arquitecto con tecnologías desconocidas cuando se concibió el proyecto. Ahora comienzan otros retos: concluir el proyecto sin perder de vista la ciudad que ha crecido a su alrededor.

MARÍA GÓMEZ BRAVO | Tungsteno

 

A las once de la mañana del 20 de febrero de 2026, una grúa elevó el último brazo de la cruz que corona la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. En apenas unas horas culminaba un proceso de 144 años, desde el inicio de las obras del templo. Con esta pieza de acero, vidrio y cerámica, la basílica alcanzaba los 172,5 metros que había imaginado Antoni Gaudí y se convertía en la iglesia más alta del mundo. La ceremonia de la bendición solemne oficiada por el Papa León XIV el pasado 10 de junio, en el marco de los actos conmemorativos del centenario de la muerte del arquitecto, puso el acento en la dimensión simbólica de la nueva torre.

Pero la finalización de la Torre no representa únicamente un récord arquitectónico. Supone uno de los ejercicios de continuidad patrimonial de mayor complejidad de la arquitectura contemporánea: completar una obra concebida en el siglo XIX utilizando herramientas, materiales y sistemas constructivos que su autor nunca llegó a conocer.

Además, el cambio de fisonomía de la basílica introduce también una nueva etapa para un edificio que sigue enfrentándose a preguntas que la ingeniería por sí sola no puede responder.

 

Con la colocación del último brazo de la cruz que corona la torre de Jesucristo se culminaba un proceso de construcción de 144 años. Crédito: Fundació Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família / Pep Daudé.

 

Una montaña como límite

 

Cuando Gaudí asumió la dirección del proyecto en 1883, transformó un templo neogótico convencional en un organismo arquitectónico complejo, donde cada elemento respondía a un orden geométrico, natural y simbólico. La Torre de Jesucristo no era simplemente la más alta de las 18 torres proyectadas: era el eje que las organizaba todas.

El arquitecto no diseñó un edificio compuesto por piezas independientes, sino un sistema en el que la forma es resultante de relaciones matemáticas y estructurales complejas. Rodeada por las torres de los evangelistas y la de la Virgen María, la posición central de la torre de Jesús responde a una jerarquía espacial y teológica: la altura expresa el orden del conjunto. Su posición central refuerza la relación visual del edificio con dos referencias fundamentales del paisaje barcelonés: Montjuïc y el Mediterráneo.

 

La torre de Jesucristo actúa como un conector entre la montaña de Montjuic y el mar Mediterráneo. Crédito: Fundació Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família / Pep Daudé.

 

La decisión ayuda a entender cómo concebía Gaudí la arquitectura. El catalán estableció que la estructura alcanzara los 172,5 metros para situarse justo por debajo de los 173 metros de Montjuïc, en un ejercicio de integración del templo con el horizonte geológico de la ciudad en lugar de competir con él.

 

Entre el legado y la interpretación

 

El arquitecto catalán concibió la Sagrada Familia como un proyecto intergeneracional. Era consciente de que la complejidad de su propuesta técnica y la dependencia de los donativos privados harían imposible verla terminada. "Lo que yo no pueda hacer lo continuarán otros", dejó dicho según el arquitecto Joan Bergós, uno de sus colaboradores más cercanos.

Cuando murió atropellado por un tranvía en Barcelona en junio de 1926, la Torre de Jesucristo seguía siendo una idea más que una realidad. Gaudí había definido su función dentro del conjunto, sus proporciones generales y buena parte de sus principios geométricos, pero no llegó a ver iniciada su construcción. La destrucción de buena parte de las maquetas y documentos conservados en el obrador de la Sagrada Familia durante la Guerra Civil española retrasaron aún más el proyecto. Un legado que hubo que recomponer e interpretar para hacer frente al desafío de completar las partes aún no construidas del edificio, entre ellas la gran torre central.

 

La torre de Jesucristo se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de la colaboración entre patrimonio e innovación. Crédito: Basílica de la Sagrada Família.

 

Cuando comenzaron las obras, muchas de las formas imaginadas por Gaudí simplemente no podían construirse. Un siglo después, los ordenadores permitieron hacer visible una parte de esa geometría. El arquitecto e investigador australiano Mark Burry, una de las máximas autoridades académicas en el estudio del templo, desempeñó un papel clave en ese proceso. Su trabajo permitió trasladar al entorno digital muchas de las formas concebidas por Gaudí mediante herramientas de diseño paramétrico y modelado avanzado.

La construcción de la Torre de Jesucristo muestra hasta qué punto las herramientas digitales han cambiado la forma de intervenir sobre el patrimonio histórico. Muchas de sus piezas fueron fabricadas fuera de la obra y ensambladas posteriormente mediante procesos industrializados. Entre las soluciones empleadas destaca la denominada piedra tensionada, un sistema que combina piedra y acero para aumentar la resistencia estructural sin alterar la apariencia exterior del edificio.

La pieza que remata la torre, una gran cruz de cuatro brazos de más de 15 metros de altura, es fruto de esta transición entre la visión de Gaudí y la ingeniería contemporánea. La dificultad no consistía únicamente en colocar un símbolo religioso sobre la torre. Había que diseñar una pieza capaz de soportar fuertes cargas de viento, cambios de temperatura, radiación solar y décadas de exposición a la intemperie.

 

La cruz que remata la última torre de la Sagrada Familia es una pieza de acero, vidrio y cerámica preparada para soportar las inclemencias climáticas. Crédito: Basílica de la Sagrada Família.

 

Gaudí había especificado, en los Àlbums del Temple, según indican en la web del monumento, que la cruz brillara de día y alumbrase con su luz por la noche. Bajo esa idea se plantea una solución que combina vidrio, cerámica blanca esmaltada y sistemas estructurales contemporáneos. Para Jordi Faulí, director arquitectónico de la basílica, la incorporación de nuevas tecnologías no ha alterado la continuidad del proyecto: “Si Gaudí viera hoy la Sagrada Familia, la reconocería como suya."

 

Nuevos desafíos

 

Durante décadas la imagen inconclusa de la basílica fue un icono de la ciudad catalana y metáfora del espíritu inconformista de Gaudí. Aunque la Torre de Jesucristo ya está completada exteriormente, la Sagrada Familia continúa en construcción. Los trabajos prosiguen en espacios interiores y distintos elementos del conjunto. Pero el reto más complejo tiene nombre propio: la fachada de la Gloria.

Su construcción abre una pregunta que va más allá de la arquitectura: ¿cómo completar una obra histórica cuando la ciudad para la que fue concebida ya no existe? Esta fachada, planteada por Gaudí como la entrada principal, debía estar precedida por una gran escalinata monumental sobre la calle Mallorca, según los bocetos originales. Una infraestructura que alteraría el tejido urbano actual y afectaría a edificios residenciales construidos hace décadas.

 

Gaudí concibió la fachada de la Gloria como la puerta de entrada principal de la basílica, lo que conlleva importantes implicaciones en el entorno urbano de la Sagrada Familia. Crédito: LLUIS GENE / AFP via Getty Images.

 

El dilema actual de las administraciones y los responsables de la basílica ya no es de carácter técnico. Está por un lado la cuestión histórica: organizaciones internacionales como ICOMOS y la propia UNESCO limitan el reconocimiento de "Obra de Antoni Gaudí" a la Cripta y la Fachada del Nacimiento, las zonas donde existe una autenticidad material directa de la época del arquitecto. Por otro lado, se añade el impacto social en una ciudad sometida a una intensa presión turística y urbanística. La Sagrada Familia, que recibe cerca de 4,9 millones de visitantes anuales y se gestiona con unos ingresos autofinanciados superiores a los 134,5 millones de euros, funciona como una gran infraestructura económica y urbana.

La cruz que hoy corona la Torre de Jesucristo marca el final de una de las etapas más complejas de la historia de la Sagrada Familia. Pero también señala el comienzo de otra. La ingeniería ha permitido alcanzar la altura imaginada por Gaudí. El reto ahora es completar su visión en una Barcelona que ha cambiado tanto como el propio templo.


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Un perro robótico para inspeccionar el interior de las presas

Una máquina recorre las galerías de la infraestructura hidráulica para tomar imágenes que facilitan las tareas de vigilancia y conservación.

Sacyr Conservación ha empezado a usar cuadrúpedo robotizado que inspecciona las galerías kilométricas que existen en el interior de las presas.

Las infraestructuras hidráulicas tienen una difícil conectividad con el exterior por el grosor de sus muros de hormigón, por lo que un robot autónomo es la mejor respuesta para ejecutar el trabajo.

Esta máquina ayuda a los profesionales en sus inspecciones rutinarias y anticipa posibles condiciones insalubres por la existencia de gases o de humedad. 

Desde la Confederación Hidrográfica del Duero, propusieron un proyecto de inspección autónoma robotizada mediante el cuadrúpedo en la presa de Pontón Alto, ubicada entre las localidades de Segovia y La Granja.

 

 
 

La utilización de este sistema mejora la seguridad y salud de los inspectores y la eficiencia de las operaciones, ya que permite aumentar la frecuencia de las inspecciones. 

Jose Luis Barragán, jefe COEX de presa de la Zona F de la Confederación Hidrográfica del Duero, en la que opera Sacyr Conservación, explica que en las galerías en las que trabaja el robot se encuentran las válvulas de abastecimiento de agua, la apertura y el cierre de compuertas, etc. “Hay sensores que miden distintos parámetros, como presiones, caudales o desplazamientos. La idea es que nuestro robot haga fotos a los puntos que se determinen”, señala. 

 

 
 

“Los distintos niveles de galerías están comunicados por escaleras y los robots UGV (Unmaned Ground Vehicle) se pueden mover entre ellos para completar las inspecciones.  Es la primera vez que incorporamos este tipo de tecnología a la conservación de las presas”, afirma Jose Luis Barragán.


Sistema de localización


El reto ahora es implantar un sistema de localización del robot, ya que en el interior de la presa no funciona el GPS. Por ese motivo, Sacyr Conservación se plantea hacer un mapeado o usar un gemelo digital 3D de las galerías.

“En el futuro se podría entrenar al robot no sólo para sacar imágenes sino también para extraer datos y analizarlos para prevenir fisuras, humedades y caudal de filtraciones”, afirma el experto.

Las primeras pruebas de navegación ya se han realizado y el objetivo es desarrollarlo en los próximos meses.
 

Junta General de Accionistas

La Junta General de Accionistas 2026 se celebró el 4 de junio a las 12:00h, en segunda convocatoria.

Restos arqueológicos en encontrados en la construcción de la EDAR de Ibiza.

Cinco historias de nuestro cuidado del legado arqueológico 

A menudo, en el desarrollo de nuestros proyectos nos topamos con vestigios del pasado. Descubre cómo recuperamos, documentamos y preservamos los restos arqueológicos.  

En Sacyr estamos comprometidos con la protección del patrimonio arqueológico en cada uno de nuestros proyectos. 

Por eso, nos preocupamos por salvaguardar cualquier hallazgo histórico y elemento patrimonial. Para ello, formamos a nuestros profesionales, que en 2025 dedicaron más de 3.700 horas a programas de sensibilización sobre la preservación del patrimonio.

Te acercamos aquí a cinco proyectos recientes en los que hemos protegido la memoria histórica y cultural de las comunidades en las que trabajamos. 

 

Embalse de Almudévar (Huesca, España)

 

En las obras de construcción del Embalse de Almudévar, recuperamos y trasladamos piedra a piedra los restos del muro sur de la antigua Ermita de Santo Domingo,, datada entre los siglos XII y XIII. 

Gracias a esta actuación, el muro se encuentra ahora integrado en la nueva ermita, con lo que hemos evitado su pérdida y mantenemos viva la lectura histórica del enclave. 

 

Línea de Alta Velocidad en Almería (España)

 

En el entorno de la antigua estación de tren de Almería, hemos identificado una concentración de hallazgos que apunta a la existencia de un núcleo poblacional islámico, con abundante cerámica y estructuras hidráulicas. La relevancia de estos descubrimientos ha llevado a revisar los límites de protección patrimonial previstos en el planeamiento urbano.

Además, hemos documentado restos de refugios antiaéreos de la Guerra Civil española, como el conocido “refugio talleres”, situado bajo las antiguas marquesinas de la estación. Aunque su estado no permite su conservación, los hemos registrado mediante escáner 3D y fotografía, y se ha dejado constancia mediante un hito conmemorativo para mantener viva su memoria.

 

Variante de Loja, línea de Alta Velocidad Antequera-Granada (España)

 

En este proyecto hemos documentado una amplia área arqueológica en el entorno del yacimiento, denominado “Cerro de la Estación”. La intervención preventiva nos permitió excavar más de 5.000 m² y localizar decenas de estructuras, como fosas, silos y sepulturas. La riqueza y la dispersión de los restos hicieron necesario ampliar el perímetro de protección inicialmente previsto, sumando al conocimiento científico y a la protección de este espacio.

Tras la realización de sondeos, comprobamos la existencia de estructuras arqueológicas pertenecientes a épocas que comprenden desde el Neolítico y el último periodo de la Edad de Piedra hasta la Antigüedad Tardía (siglo V d. C.). 

Durante los trabajos, se documentaron silos y enterramientos neolíticos y estructuras de habitaciones de una villa romana, con abundante material arqueológico. 

 

 

EDAR de Ibiza (España)

 

En el proyecto de la Estación de Depuración de Aguas Residuales (EDAR) de Ibiza se encontraron una calzada romana, una acequia del siglo XVI, un acueducto romano y un yacimiento arqueológico fenicio, de elevado interés patrimonial. Se hallaron estructuras de murallas, una estructura hidráulica, ánforas y un pozo.

“Participar en este proyecto fue una experiencia especialmente interesante desde el punto de vista técnico y patrimonial, ya que a lo largo de la ejecución se identificó un contexto arqueológico amplio y diverso”, explica Cristina Alonso Comba, jefa de obra de la EDAR.

Desde la perspectiva de la obra, este escenario implicó un reto significativo. Fue necesario adaptar de manera constante las soluciones constructivas para compatibilizar el avance del proyecto con la preservación de los elementos de mayor valor. En determinados puntos se realizaron ajustes de trazado y rasante, mientras que en otros se ejecutaron hincas para garantizar la conservación de estructuras relevantes, evitando su afección directa.

Los retos y materiales arqueológicos fueron entregados al Museu Arqueològic d’Eivissa i Formentera para su estudio y catalogación.

 

 

Adecuación ferroviaria en Mato Miranda (Portugal)

 

En Mato de Miranda y Arneiro das Malhadas localizamos diversos materiales arqueológicos del Neolítico Tardío o Calcolítico: fragmentos cerámicos, piezas de industria lítica y restos de antiguas ocupaciones domésticas. Estos hallazgos se encontraron durante el seguimiento arqueológico de la obra y aportan nuevas claves para entender cómo se habitó este territorio a lo largo de la historia.

Los fragmentos cerámicos y las piezas de industria lítica se entregaron a la Direção Geral do Património Cultural portuguesa.

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La egiptóloga Sarah Parcak señala que las herramientas de teledetección no sustituyen las excavaciones, sino que ayudan a orientar el trabajo arqueológico. Crédito:GLENN CHAPMAN / DigitalGlobe/ScapeWare3d.

La arqueóloga que encuentra ciudades perdidas desde el espacio: así trabaja Sarah Parcak

Durante años, los arqueólogos buscaron ciudades perdidas excavando sobre el terreno. Sarah Parcak decidió hacerlo desde el espacio. A través de imágenes satelitales, esta investigadora estadounidense detecta pequeñas alteraciones en el terreno capaces de revelar restos arqueológicos ocultos bajo el paisaje.

MARÍA GÓMEZ BRAVO | Tungsteno

 

En el delta del Nilo, muchas antiguas ciudades egipcias desaparecieron hace siglos bajo capas de sedimentos, cultivos y construcciones modernas. Desde el suelo resulta casi imposible distinguirlas. Pero vistas desde satélite, algunas dejan rastros apenas perceptibles: líneas geométricas, cambios de tonalidad o variaciones mínimas en la humedad del terreno. Sarah Parcak, egiptóloga y profesora de la Universidad de Alabama en Birmingham (Estados Unidos), ha convertido esas señales en una herramienta para localizar posibles yacimientos arqueológicos sin necesidad de excavar primero.

A comienzos de la década de 2010, participó en distintos proyectos centrados en antiguos asentamientos egipcios. En el delta del Nilo, el contraste entre las zonas agrícolas y las áreas desérticas facilita la identificación de pequeños cambios en el terreno que a simple vista pasan desapercibidos. Las imágenes de satélite del delta del Nilo mostraban líneas geométricas y cambios sutiles en la superficie que coincidían con antiguas estructuras enterradas. No eran ruinas visibles ni ciudades emergiendo bajo la arena, sino huellas físicas que el paisaje todavía conservaba siglos después.

Parcak empezó a trabajar con este tipo de imágenes durante su investigación doctoral en la Universidad de Cambridge. A diferencia de una fotografía convencional, las imágenes multiespectrales registran información que el ojo humano no percibe. Su objetivo era localizar tells —montículos formados por capas sucesivas de ocupación humana— y posibles estructuras enterradas en Oriente Próximo a partir de esas alteraciones mínimas detectadas mediante sensores infrarrojos.

“Para intentar mapear el pasado tengo que mirarlo de una forma diferente”, señala Parcak para resumir esta idea central en sus investigaciones: el territorio conserva evidencias físicas de quienes lo habitaron siglos atrás.

 

Sarah Parcak explica cómo la arqueología espacial utiliza imágenes satelitales para localizar vestigios de antiguas civilizaciones ocultos bajo el terreno. Crédito: TED.

 

Una nueva forma de interpretar el territorio

 

El uso de imágenes aéreas para estudiar el terreno no era completamente nuevo. Tras la Primera Guerra Mundial, las fotografías tomadas desde aviones militares empezaron a revelar formas y construcciones antiguas difíciles de identificar desde tierra. Décadas después, los satélites del programa Landsat de la NASA permitieron ampliar esa observación a grandes extensiones del planeta y analizar cómo cambiaban los paisajes con el paso del tiempo. 

Pero la clave no está solo en la fotografía convencional, sino en analizar cómo reaccionan el suelo, la vegetación o la temperatura ante la presencia de estructuras enterradas. Un muro enterrado puede modificar la humedad del suelo situado encima. Una estructura de adobe altera la compactación de la tierra y afecta al crecimiento de la vegetación. Algunas construcciones también generan diferencias de temperatura detectables en determinados momentos del día. El estudio de estas alteraciones permite señalar zonas con potencial arqueológico que después deben verificarse sobre el terreno. La propia Parcak insiste en que estas herramientas no sustituyen las excavaciones, sino que ayudan a orientar el trabajo arqueológico.

 

Del enclave aislado al análisis del territorio

 

La posibilidad de analizar territorios completos y no solo yacimientos concretos es una de las principales aportaciones de esta metodología. Uno de los ejemplos más conocidos es el trabajo realizado en Tanis, una antigua ciudad egipcia situada en el noreste del delta del Nilo. El yacimiento era conocido desde hacía décadas, pero las imágenes satelitales ayudaron a reconstruir parte de su trazado urbano enterrado: calles, estructuras y áreas de ocupación ocultas bajo sedimentos y cultivos modernos.

El interés de este tipo de investigaciones reside en comprender cómo se organizaban antiguos paisajes urbanos y agrícolas a gran escala. Parcak aplicó este mismo enfoque en el estudio de las áreas funerarias y tumbas de El-Lisht, uno de los principales enclaves del Reino Medio egipcio, y también en Petra (Jordania). Allí identificó una estructura monumental que había pasado desapercibida pese a tratarse de uno de los yacimientos más estudiados del mundo.

Ese cambio de perspectiva también se ha extendido a otros proyectos internacionales. En Guatemala, la iniciativa Pacunam LiDAR, con participación de la Universitat Politècnica de València (UPV) y la Universidad de Tulane (Estados Unidos), permitió localizar miles de estructuras mayas ocultas bajo la selva, incluidas carreteras elevadas y terrazas agrícolas.

En Camboya, la combinación de imágenes satelitales, radares y campañas masivas de LiDAR confirmó la existencia de una extensa red urbana bajo la selva que rodea Angkor Wat. En Reino Unido, el proyecto Stonehenge Hidden Landscapes utilizó georradares y sensores remotos para detectar monumentos prehistóricos enterrados alrededor del conjunto megalítico.

En todos estos casos, la arqueología dejó de centrarse únicamente en monumentos aislados para estudiar territorios completos y las relaciones entre asentamientos, infraestructuras y paisaje.

 

 
 

Las imágenes satelitales del yacimiento de la ciudad egipcia de Tanis permitieron identificar y reconstruir parte de su trazado urbano enterrado. Crédito: Maxar.

 

Monitorización y gestión del entorno

 

La observación satelital también ha encontrado aplicaciones para la conservación del patrimonio. Tras la Primavera Árabe de 2011, Parcak coordinó varios estudios destinados a analizar el aumento del saqueo de yacimientos egipcios mediante imágenes tomadas a lo largo del tiempo. La comparación de series satelitales permitía detectar excavaciones ilegales recientes, movimientos de tierra y daños sobre enclaves protegidos. El trabajo, publicado en la revista Antiquity, ofreció una metodología para medir el impacto del expolio arqueológico casi en tiempo real.

Las técnicas de observación remota aplicadas a la conservación del patrimonio histórico comparten hoy día principios fundamentales con la gestión de infraestructuras modernas. Estos sensores satelitales y sistemas LiDAR se emplean en ingeniería civil para generar modelos digitales del terreno, analizar la estabilidad de laderas antes de construir carreteras o monitorizar deformaciones milimétricas en estructuras como puentes y presas.

Los mismos sistemas utilizados para rastrear la huella de una civilización olvidada en el delta del Nilo se utilizan hoy para analizar deformaciones en infraestructuras, estudiar la estabilidad del terreno o monitorizar cambios en entornos urbanos.

 

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  • Infraestructuras

El Hospital 12 de Octubre, un centro de referencia en tiempo récord

Seguimos celebrando nuestro 40 aniversario con la serie de vídeos con la que repasamos algunos de nuestros proyectos más icónicos. Hoy redescubrimos la construcción del nuevo Hospital 12 de Octubre de Madrid, un centro asistencial de referencia en España que cuenta con 41 quirófanos y más de 1.300 camas.

Con este proyecto, que terminamos en diciembre de 2023, superamos un reto especialmente exigente. No sólo por las dimensiones del hospital, sino también por el ajustado plazo de ejecución, de sólo 26 meses. A lo largo de su construcción, tuvimos que sortear situaciones extraordinarias como la pandemia de la Covid-19, una huelga de transportes y la guerra de Ucrania.
 
Junto a dos de sus protagonistas, Pedro Gallego, director de Obras Hospitalarias, y Pedro Luis Rodríguez, jefe de Obra, repasamos los retos, el trabajo en equipo y el compromiso de nuestros/as profesionales que hicieron posible este gran proyecto.
 
El Hospital 12 de Octubre es el sexto de los proyectos emblemáticos de nuestra serie sobre los 40 años de Sacyr, que iniciamos en enero con la autopista Los Vilos-La Serena de Chile.
 
Te invitamos a descubrirlo en este nuevo vídeo.

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