Jesús Alcanda Vergara
Sacyr Energía
La opinión pública piensa con candidez, como en una interminable noche de Reyes Magos, que los bosques españoles ni nacen, ni crecen, ni mueren: solo permanecen. Que no precisan de ayuda humana para asegurar su descendencia; que siempre van a estar ahí, salvo que sean devorados por los incendios estivales.
En la península ibérica, la Dasonomía, la ciencia que trata del cuidado y manejo de los bosques, es más antigua que el emperador Trajano. De ello dejó constancia el escritor gaditano Columela, en el siglo I, tanto en “Los doce libros de agricultura (De Re Rustica)” como en “De arboribus”.
Así como la Agronomía es la ciencia del “agro” (el campo), la Dasonomía es la ciencia del “Daso”, es decir, del bosque.
Como casi todas las ciencias, la Dasonomía ha ido ampliando el campo de sus certezas, desglosándose en diferentes especialidades. Del conjunto de disciplinas que forman parte de la Dasonomía, hay dos, la Selvicultura y la Dasocracia, que han experimentado una gran ordenación del conocimiento desde mediados de siglo XIX hasta finales del siglo XX. Precisamente, estas dos disciplinas son las encargadas de lograr que los bosques tengan descendencia.
La Dasocracia (“Daso”, bosque; y “cracia”, poder en sentido de gobierno, de orden) es la disciplina que trata de la ordenación de los bosques, de los montes: se trata de un conjunto de técnicas que lo ordenan para asegurar su descendencia.
El manojo de técnicas analíticas de la Dasocracia conduce el bosque hacia una pirámide poblacional equilibrada. Es decir, sin truncar, sin inversiones, de forma que contenga todas las clases de edad del arbolado, distribuidas de tal forma que evidencien ese equilibrio y pueda afirmarse que el bosque está ordenado.
La otra muleta de la Dasonomía, la Selvicultura, es al bosque lo que la agricultura es al campo: un conjunto de cuidados y actuaciones que procuran la máxima vitalidad, la densidad adecuada y la defensa de la masa arbolada.
Cada clase de edad (ej.: de 25 a 50 años) debe estar representada por un número determinado de árboles en un determinado tramo. Es decir, para cada clase de edad existe una densidad de arbolado adecuada, representada por un rango de ejemplares por hectárea que las prácticas de la Selvicultura han de conseguir para que vivan con la máxima fortaleza y vigor posibles.
¿Qué hace la Dasocracia para lograr la descendencia del bosque representado en la Ilustración 1?
Primero, divide el monte en tramos, uno para cada clase de edad diferenciada. El tramo de mayor clase de edad (árboles mayores de 100 años) lo reservará para zonas de conservación de la biodiversidad.
A los otros cuatro tramos les aplicará un plan de renovación total a ejecutar en los siguientes 100 años: para ello, cada 25 años se señalará el tramo de mayor edad (de 75 a 100 años) como tramo en regeneración.
Esto quiere decir que durante 25 años se aplicarán en este tramo cortas de regeneración por “aclareo sucesivo uniforme” (en adelante, ASU) con el fin de abrir huecos en el bosque donde nazcan y se asienten los nuevos arbolillos (hijos de los árboles circundantes).
Se llama así, ASU, porque durante 25 años se suceden cortas uniformes que abren claros en el tramo en regeneración: poco a poco. Durante este periodo, en los otros tres tramos se aplicarán cortas para adecuar la densidad del arbolado a su edad, para mantenerlos con el mayor vigor y fortaleza posibles, evitando que crezcan en una espesura excesiva que los debilitaría notoriamente.
Pasados estos primeros 25 años, el tramo en regeneración contendrá árboles cuya edad estará comprendida entre 0 y 25 años (y se dice que el tramo se ha regenerado) y el resto de tramos habrá incrementado su edad en 25 años.
Se repite el proceso de aplicación de cortas por ASU cada 25 años al tramo que en cada momento tenga mayor edad, hasta que hayamos aplicado las cortas de regeneración a los cuatro tramos, como se indica en las siguientes ilustraciones, cuyo primer cuadro representa al “bosque padre”:
Han transcurrido 100 años y se ha conseguido un bosque totalmente nuevo, hijo del bosque padre que figuraba en el primer cuadro, mediante la aplicación de las cortas de regeneración por aclareo sucesivo uniforme durante 25 años en cada tramo, mientras en los tramos restantes se adecuaba la densidad del arbolado a su edad mediante cortas por claras.
La madera de cada una de estas cortas produce los suficientes ingresos para ir financiando las sucesivas cortas, para asegurar así la financiación del plan de descendencia del bosque.
No es recomendable aplicar cortas de regeneración a tramos del bosque excesivamente viejos, porque los árboles con mucha edad han menguado su capacidad de producir semillas y también ha disminuido la capacidad germinativa de sus semillas. Dejar la descendencia de un bosque en manos de tramos de monte excesivamente viejos es una auténtica temeridad.
Cuando alguien, con toda su “buena intención” se opone a las cortas de árboles en un bosque, en la inmensa mayoría de los casos está colaborando con la amputación de la descendencia de ese bosque, y también a su abandono, que es la antesala del gran incendio, ese particular infierno de los bosques españoles.
Pero ya se sabe que el infierno está empedrado de buenas intenciones.
